Perdiendo la virginidad
La autobiografía de Richard Branson tiene un problema evidente y una virtud menos obvia.
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Branson narra la construcción de Virgin desde una revista estudiantil y un negocio de venta de discos por correo hasta un conglomerado que abarcó aerolíneas, discográficas y telecomunicaciones. El libro interesa menos por la anécdota —que abunda— que por lo que muestra sobre la asunción de riesgo: Branson describe cómo estructuraba las apuestas para que el fracaso de una unidad no arrastrase al grupo, y cómo negoció la venta de Virgin Records para financiar Virgin Atlantic. Es una autobiografía escrita con el sesgo esperable de quien controla el relato, pero honesta sobre las crisis de tesorería y los pleitos.
La autobiografía de Richard Branson tiene un problema evidente y una virtud menos obvia. El problema es el tono: Branson escribe como quien sabe que la anécdota del globo aerostático vende más que el balance, y el libro dedica páginas a hazañas que no explican nada del negocio. La virtud es que, entre medias, describe con precisión inusual cómo estructuró el riesgo. Virgin no fue un conglomerado en el sentido clásico, sino una colección de sociedades separadas, cada una con su financiación y su responsabilidad limitada, de modo que el hundimiento de una no arrastrara al resto. Branson explica cómo usó la marca como activo licenciable —aportándola a joint ventures en las que ponía poco capital— y cómo tomó la decisión más dura de su carrera: vender Virgin Records a EMI en 1992 para inyectar caja en Virgin Atlantic, que estaba perdiendo la guerra contra British Airways. El pasaje sobre esa venta, y sobre la campaña de descrédito que sufrió, es lo mejor del libro. Como toda autobiografía de fundador, adolece de sesgo de supervivencia: los negocios de Virgin que fracasaron —y fueron muchos— reciben mucho menos espacio que los que salieron bien.
Para quien quiera ver cómo se estructura un grupo empresarial para aislar el riesgo; menos indicado si le irrita el tono autocomplaciente del género.
DatoEl original inglés se publicó en 1998; la edición española corre a cargo de Alienta (Grupo Planeta), con traducción de Ramon Vilà Vernis.